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FOTOGRAFÍA: DIEGO ANABALÓN A.
 
 
     
 
 

El conflicto liderado por los estudiantes secundarios en Chile, ya está siendo analizado desde perspectivas y comparaciones con fenomenos socio juveniles propios a la última fase de la modernidad eurocéntrica y la consolidación del neomodernismo neoliberal, usando laboratorios tercermundistas como Chile.


Los estudios sociológicos indican que los movimientos son ciegos, tienen debilidades que se pueden explotar, se concentran en demandas que al resolverse disuelven la acción que las impulsa, que siempre se vuelve a los estados de acción política (o sea, los partidos políticos). Lo que esos estudios no indican es que esas constataciones ocurren en el período, a fines del siglo XX, de reacciones a la consolidación de una nueva fase neomoderna acompañada de una cultura postmoderna, centrada principalmente en las “nuevas generaciones” que arrojadas, al igual que toda la sociedad, a la desregulación e individualismo extremo, tiene que sobrevivir a un período de mayores y más profundas exclusiones.
Desde las escrituras dominantes, los acontecimientos se entienden como una vuelta al control y el movimiento se está aislando de la temida/odiada “cuestión social”. Vuelven a esgrimirse los argumentos mediales y gubernamentales de la violencia juvenil (los “encapuchados”, los “infiltrados”), contrastando la voz melosa de voceros oficiales que declaran que siempre han estado “invitando al diálogo”. “Ultimatum” es una palabra simbólica que recoge el estado del conflicto y las estrategias de los oponentes.
Los “negociadores” oficiales (pagados en sus remuneraciones y privilegios por nuestros impuestos, por supuesto) apuestan al cansancio, a la dilatación, al debilitamiento de sus oponentes, al acostumbramiento al olvido de la opinión pública, a los efectos del ejercicio focalizado de la represión y la tortura física y psicológica (nadie ha tocado a los estudiantes de los colegios particulares que adhieren a las demandas estudiantiles).
A los medios de comunicación (concentrados en manos de comerciantes neoliberales) les corresponde un trabajo de construcción de imágenes y textos que produzcan una reversión en los imaginarios ciudadanos. Se trata de reconvertir espacios públicos desde la memoría insconciente de las prácticas autoritarias de hace décadas atrás. En este trabajo se juega eso sí, con algunas debilidades estructurales tales como la caída del “lider” envuelto ahora en oscuros negocios reñidos con la ley y, al desgaste natural que produce las rencillas de las sectas y “pandillas” que se arrojan el derecho a gobernar el país (eufemisticamente, “sectores de derecha y centro izquierda).
Creemos que no hay una decisión institucional de resolver las demandas. No hay solución en las voluntades de las élites. Sólo más represión y control. El sistema tiene que funcionar y esa es su tarea. No se va a consensuar en la necesidad de cambios y la transformación. No habrá respuesta real a las demandas sino una “cortina de humo” que de más tiempo para fortalcer nuevos sistemas y procedimientos de “gestión a las poblaciones”.
La mayoría de las élites políticas e intelectuales que escrituran y justifican la realidad chilena posible -ancladas en el gobierno, los centros de producción de conocimientos, medios de comunicación, partidos políticos y lo más importante, en la dirección de negocios legales e ilegales-, se hayan interdictos temporalmente en sus construcciones teóricas. El discurso progresista ha finalizado sus momentos de gloria. Ahora solo queda, la “cruda realidad” que se le exige a las mayorías en el país y en el mundo globalizado en general. Triste y deplorable tarea histórica. ¿Habrán pensado en algún momento de sus vidas lo que les deparaba la soberbia y la vanidad de saberse, la voz dominante?.
Lo claro es que durante más de un mes y medio, los/as adolescentes y jóvenes han ocupado el espacio público: calles, escuelas, medios de comunicación, escrituras orales y audiovisuales, imaginarios sociales, mentalidades de comunidades.
Será materia de comprensión y estudio posterior, analizar las vertientes de aprendizajes que surgen de los copamientos urbanos regionales, de las escaramuzas autoorganizadas desde los sectores populares reprimidas dura y calculadamente en puntos intermedios al centro de la capital, de la construcción de la toma y el paro como modalidades de acción ciudadana legitima, de las formas de democracia directa que se muestran eficientes y eficaces a la hora de reconstituir colectivos y consensos comunitarios en entornos altamente invidualistas como el que vive Chile.
Muy interesante será estudiar los relatos específicos y detallados de violencia urbana que se entregan desde los grandes medios y desde las entrecortadas frases de los agentes políticos en el poder. También será necesario, recurrir a los procedimientos científicos etnográficos y biográficos para descubrir las vetas histórico genéticas de la acción social. Se requiere además, recurrir a los estudios comparativos que enseñan las coincidencias entre modalidades de acción-reacción y movimientos sociales que están presentes en diversos momentos históricos.
Una mirada pedagógica, encontrará en estos meses un contenido curricular valioso para el estudio de las nuevas generaciones. Podremos enseñar en contraste la importancia de construir ciudades educativas donde la participación sea real y no figurada. Constituiremos didácticas que adecuen el diálogo a las realidades infato-juveniles del siglo XXI. Estableceremos parametros más amplio para enfrentar las necesidades educativas del mundo social.
Gracias a los/as jóvenes de este país. Estamos aprendiendo de sus testimonios a asumir la inhumanidad de nuestros actos “adultos”.
Ultimatum es la palabra clave: Hay un ultimatum a nuestras confianzas en un modelo destructivo de la calidad de vida social y convivencia ciudadana. Hay un ultimatum a una manera de vivir que nos ahoga y nos enferma. >>BAJAR DOCUMENTO EN PDF