DOÑA GENOVEVA ABARCA VIDAL. Decidió dedicarse a su madre haciendo una sola vida. De cuna campesina corren los años al alero de su mamá, que desembocan en una modesta vivienda social en el sector de Loreto a unos kilómetros de Coltauco.
Recuerdos vagos de su padre (alguien que trabajaba en Valparaíso) los pone en palabras calmadas con forma de sombra que viene y va con olor a trago amargo para su madre. Como lo expresa Doña Genoveva..."mi madre nunca me dijo que me casara"... el miedo a perder su niña...o la cercanía de la soledad, la alejaron de la vida habitual de cualquier mujer. Lo cierto es que su proximidad al amor, no pasa de ser una historia adolescente de algún muchacho que una vez le sonrió. Por ahí por los treinta decide volcar el amor hacia su madre que muere a los 101 años.
Hoy, sola hace casi dos años, se rehace en un barrio árido de Loreto. Su máquina de coser canta frente a la ventana y doña Geno canta en las páginas de sus cuadernos. A la muerte de su madre se descubre a si misma en los textos que escribe con una misteriosa ternura.
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